21/6/14

Veintiséis de septiembre

Todo fue normal, tan normal como pudo ser. Amigos, familiares cercanos y lejanos poco a poco fueron llegando; todos los que tuvieron que estar llegaron. La mayoría con sus caras largas, alguna lágrima discreta, una opresión en el pecho. Los primos pequeños y los hijos de algunos amigos se inquietaron rápidamente, entonces se volvieron insoportables y no era para menos; un velorio no es lugar para un niño.

Mariana, a sus veinte años miraba a toda la gente pasar frente a ella, aun así parecía que no reconocía a nadie, como si la trágica muerte de sus padres aún la tuviera en shock. Hija única de un padre trabajador pero ausente, hija de una madre preocupada por la telenovela, los chismes de los famosos y de la vecina de la cuadra, no había más.

Muchos se acercaron a Mariana brindándole apoyo, consuelo, ayuda; con media sonrisa agradeció las atenciones, con la otra mitad las rechazó. El hermano de su padre, su tío Manuel, le ayudó con todo lo referente a los trámites para recuperar los cuerpos; las calles son peligrosas y más cuando se combinan el alcohol y la velocidad... no, su padre no tomaba, el conductor del otro auto, un joven de la misma edad de Mariana si. Los tres tuvieron el mismo final.

El tío Manuel estaba al tanto del seguro de vida que su hermano había adquirido para proteger a su familia, y ella fue la beneficiaría. Cincuenta mil no la hacían una mujer rica pero sin duda le ayudarían a sobrevivir, eso y el trabajo que tenía en la estética. Y las cosas marcharon bien... tan bien como pudieron ir.

Después del entierro Mariana regresó a su vida normal, su trabajo, sus amigos y una casa vacía; no se había percatado de que tan grande era su casa hasta que se quedó sola.

No tenía idea de cuánto extrañaba a sus padres, y no admitiría ante alguien que los quería, que siempre los quiso y que daría todo lo que tenía con tal de poder decírselos.

Su familia no era mala, no fueron malos padres y ella no fue una mala hija; tenía un carácter duro, fuerte, lo que la mantenía en discusiones con su madre cuando le ponía atención, cuando no acataba las reglas de la casa. Deserción escolar, fiestas, a veces malas compañías eran los temas en la mesa; Mariana no recordaba cuando fue la ultima vez que le dijo a su madre que la quería, cuándo le dijo a su padre que lo admiraba, él siempre fue la imagen de la obediencia y la rectitud, la figura de autoridad; él siempre fue el enemigo.

La primera Navidad que pasó sola no distó de otras que recordaba, salió con amigos a cenar y divertirse y llegó a casa de madrugada, sola y con algunas copas encima; despertó muy tarde con resaca, no le dolió tanto haber despertado sola. Para Fin de Año la situación fue diferente.

Acostumbrada a ser la única celebración que compartía con sus padres, el descubrir que estaba sola, que ninguna amiga le llamó para que pasara la fiesta en su casa, que ningún amigo o algo parecido decidera quedarse con ella es noche le caló hondo. Fue la primera vez en que verdaderamente se sintió sola. Después de eso la vida siguió normal, tan normal como debía ser.

Soportó el catorce de febrero, el diez de mayo sin problemas y el dia del Padre, ninguna de esas celebraciones tenían eco en su memoria; sin embargo, había una fecha en su calendario que nadie más tenía marcada.

Veintiséis de septiembre, el primer aniversario de la muerte de sus padres.

Mariana no se lo dijo a nadie pero, como dicen, lo recordaba como si hubiera sido el día anterior, la fecha estaba más que próxima y no había nada que pudiera evitarlo; Mariana no sabía que esperar de ese día.

Recordaba que fue sábado, que por la mañana había discutido con su madre por haber regresado de madrugada de una fiesta... otra vez. Su padre descansaba de una semana pesada de trabajo como funcionario de una oficina gubernamental, no tenía un puesto importante, esperaba algo grande algún día, su padre se unió al regaño.

Después de la discusión Mariana se encerró en su cuarto, era casi medio día, recuerda que su madre, aún después de la discusión la invitó a que los acompañara al súper; ni siquiera respondió. Mariana se levantó de la cama justo a tiempo para verlos irse en el auto familiar, fue la última vez que los vio. Apenas dieron vuelta Mariana regresó a la cama cubriéndose la cabeza con la almohada, al mismo tiempo en la esquina el otro auto se impactaba de frente en el auto de sus padres, cuando invadió el carril contrario, Mariana escuchó los frenos de ambos autos y el aparatoso golpe, algo en su corazón le dijo que saliera de casa y corriera calle abajo, pero se negó a seguir los impulsos, estaba tan enojada con sus padres pero no pensó que hubieran sido ellos; afortunadamente no lo hizo, la escena que hubiera visto se habría quedado grabada en su memoria.

La fiesta de la noche anterior, los excesos y el regaño de sus padres provocaron que cayera en un sueño profundo, ni siquiera los fuertes golpes de los vecinos lograron despertarla, fue mejor así. Dos horas más tarde el repique insistente del teléfono logró lo que los golpes en la puerta no pudieron; era el tío Manuel.

La noche del día veinticinco se fue a la cama recordando ese evento, un evento que uno suele ver en las noticias y nada más, pensando que a uno jamás le ocurrirá; las llamadas de apoyo de familiares y amigos ayudaron a que lo tuviera muy presente. No era que lo hubiera olvidado, pero parecía que todo el universo conspiró para que no lo olvidara, justo el dia en que no deseaba recordarlo.

Mariana despertó el dia veintiséis con dolor de cabeza, como si hubiera bebido durante la noche, también tenía un ligero sabor a cigarro en los labios lo que le provocó náuseas; era casi medio día.

No entendía porqué se sentía así, pero el ruido proveniente de abajo desvió su atención; había alguien en la cocina.

Con temor salió de su cuarto, lo mejor que podía ser era que alguna tía o vecina, alguna amiga había ido a buscarla para estar con ella en esa fecha, lo peor que hubieran entrado a robar; si solo fuera eso no habría gran problema, que se llevaran lo que quisieran, lo peor sería que intentaran atentar contra ella.

En efecto alguien estaba en la cocina, pero más que robando parecía que se encargaba de recoger el tiradero que tenía, la idea de que era alguien conocido cobraba más fuerza. Entró en la cocina y si, efectivamente era alguien conocido, más no alguien que esperaria encontrar.

-¿M-mamá?-
-¡Vaya! Hasta que te levantas, mira nada más que horas son-
-P-pero... -
-¿Qué tienes?-
-Es que tú... y papá... -
-¿Yo qué?- escuchó detrás de ella, al volverse encontró a su padre ya vestido, listo para salir.

-No puede ser... -
-¿Qué? ¿Pensaste que no nos encontrarías?-
-No... no es eso... -
-Estás muy rara Mariana ¿Qué tienes? No me salgas ahora con que consumes drogas... -
-¡No mamá!-
-Bueno, con eso de que te la pasas de fiesta en fiesta no me extrañaría... como ayer, a ver ¿A qué hora llegaste?-
-Mamá... -
-¡Tres de la mañana Mariana, tres! ¿Te parece bien eso?-
-Mamá dejame explicarte-
-¿Qué me vas a explicar? ¿Qué de haber podido no habrías llegado?-
-¡No es eso mamá, deja que te explique-
-Es que ya no soporto esta situación Mariana- en el rostro de la mujer se podían apreciar varios sentimiento; indignación, desilusión, impotencia, enojo. Varios, muchos y ninguno a la vez. El padre de familia observaba la escena a la distancia, listo para intervenir cuando fuera necesario.

-Lo que pasa mamá es que ustedes... -
-¿Qué? ¿No estamos en "onda"? Eso es lo que te han dicho tus amiguitas ¿No? La tal Lucia y esa otra chiquilla... se me olvida su nombre... .
-Karla... -
-¡Si! Karla; Karla y la otra nomas te están metiendo ideas en la cabeza, desde que estaban en la escuela ¿No fueron ellas las que te aconsejaron que dejaras de estudiar?-
-¡No mamá! Esa fue decisión mía-
-Ay Mariana si bien que las defiendes, por algo son amigas-
-No las defiendo mamá, solo digo las cosas como son- Mariana no se dio cuenta el momento en que se vio envuelta en la misma discusión de un año atrás.

-Pues creo que deberías dejar de ver a esas amigas tuyas- interrumpió el padre de familia, Mariana respondió con algo como Tú también y regresó a su cuarto molesta.

Volvió a recostarse en la cama y volvió a escuchar a su madre, minutos después, preguntándole si quería acompañarlos al súper; no volvió a responderles. Apenas escuchó el ruido del motor algo se encendió en su mente; bajó corriendo las escaleras y salió rápidamente a la calle; el asfalto estaba caliente, aunque iba descalza no lo notó. Mariana nunca antes había sentido un golpe en el pecho como el que sintió cuando vio como el auto de sus padres se hacía pedazos. Recordaba el sonido que provocaron los frenos, el ruido se quedó grabado en su memoria como si hubiera sido por un hierro ardiente. Perdió el conocimiento a la mitad de la calle.

Despertó en su cama con dolor de cabeza... otra vez, pensó que había tenido una pesadilla, pero el ligero sabor a cigarro en los labios le dijo que algo estaba mal. Era casi medio día y los ruidos en la cocina volvieron a ponerla alerta.

Bajó las escaleras con largas zancadas, no se detuvo a pensar que podían haberse metido en su casa a robar, tampoco pensó en algún vecino, amigo o familiar; tenía una idea de quien se trataba.

-¿M-mamá?-
-¡Vaya! Hasta que te levantas, mira nada más que horas son-
-P-pero... ¿Otra vez?-
-¿Qué tienes?-
-Es que tú... y papá... -
-¿Yo qué?- volvió a escuchar detrás de ella, al volverse encontró nuevamente su padre ya vestido.

-No puede ser... -
-¿Qué? ¿Pensaste que no nos encontrarías?-
-No... no es eso... es que... está ocurriendo otra vez-
-Estás muy rara Mariana ¿Qué tienes? No me salgas ahora con que consumes drogas... -
-¡No mamá, no empieces otra vez!-
-Bueno, con eso de que te la pasas de fiesta en fiesta no me extrañaría... como ayer, a ver ¿A qué hora llegaste?-
-Mamá... escúchame... -
-¡Tres de la mañana Mariana, tres! ¿Te parece bien eso?-
-Mamá dejame explicarte-
-¿Qué me vas a explicar? ¿Qué de haber podido no habrías llegado?-
-¡No es eso mamá, deja que te explique-
-Es que ya no soporto esta situación Mariana-
-Por favor mamá escúchame... -
-¿Qué Mariana? ¿Qué me vas a decir? ¿Qué no estamos en "onda"? Eso es lo que te han dicho tus amiguitas ¿No? La tal Lucia y esa otra chiquilla... se me olvida su nombre... .
-Ellas nada tuvieron que ver en eso... -
-¡Karla! Si, Karla y la tal Lucia te están metiendo ideas en la cabeza, y no ahora, desde que estaban en la escuela ¿No fueron ellas las que te aconsejaron que dejaras de estudiar?-
-¡Ya basta mamá!-
-Y ahora por ellas me gritas, bien que las defiendes, por algo son amigas ¿Ya ves cómo se pone?- le preguntó a su esposo, este se levantó del sillón pero antes de que abriera la boca Mariana lo detuvo.

-No digas nada, ya lo sé, que debería dejar de verlas- y sin decir nada más regresó a su cuarto.

Volvió a recostarse en la cama y de nuevo escuchó a su madre preguntándole si quería acompañarlos al súper; nuevamente algo se encendió en su mente y reaccionó.

-¡Voy!-

Sabía lo que sucedería, hizo el tiempo suficiente para que aquel chico pasara de largo, eso era lo que tenía que hacer; la vida le daba una segunda oportunidad... por segunda vez, no iba a desaprovecharla.

Bajó cambiada pero aún molesta, no importaba, sus padres no la escuchaban y quizá era mejor así; les salvaría la vida y eso sería suficiente; no tenían que saber los detalles.

Lo que Mariana no sabía era que la historia no puede cambiarse.

Antes de que todo se pusiera negro Mariana vio, escuchó y sintió lo mismo que sus padres; el auto del chico saliendo de pronto, el impacto y ese rechinido de llantas que tan bien grabado tenía.

Despertó de nuevo en su cama con dolor de cabeza, ya no pensó que había tenido una pesadilla; otra vez el ligero sabor a cigarro en los labios, no le importó. Era casi medio día y los ruidos en la cocina hicieron que entendiera.

Bajó las escaleras con largas zancadas, no se detuvo ni un instante.

-Mamá-
-¡Vaya! Hasta que te levantas, mira nada más que... - no la dejó terminar, se arrojó a su cuello abrazándola con fuerza, colocando varios besos en sus mejillas.

-¿Qué tienes? Estás muy rara Mariana ¿Estás consumiendo drogas... ?-
-No mamá- respondió ya con lágrimas -Solo quiero decirte que... te quiero mucho-

Por un momento su madre no supo como reaccionar; sus rasgos siempre duros se suavizaron lentamente, una sonrisa apareció al mismo tiempo que acariciaba las mejillas de su hija.

-Yo también te quiero hija-
-¿Qué pasa?- preguntó el padre de familia cuando apareció en la cocina, madre e hija se miraron un segundo y sonrieron.

Mariana se apartó de su madre y llegó hasta su padre a quien abrazó de igual manera, cubriéndolo de besos.

-Te quiero papá- primero no entendió, después reaccionó igual que su esposa.

-Yo también hija, yo también- respondió palmeándole la espalda.

Mariana convivió con sus padres unos minutos hasta que el padre de familia sentenció que había que ir al súper; ambos le pidieron a Mariana que los acompañara pero se negó, los acompañó hasta la puerta y apenas su padre encendió el motor Mariana cerró la puerta.


Recargando la espalda contra la puerta fue resbalando hasta quedar sentada en el suelo, llorando; se cubrió los oídos para no escuchar el sonido que harían las llantas cuando su padre pisara con fuerza los frenos, aunque era un sonido que jamás olvidaría, como nunca olvidaría que tuvo la oportunidad de decirle a sus padres -Los quiero-


30/5/14

Los pecados del pasado.

La casa estaba en las peores condiciones que pudiera haber, construida cientos de metros bajo la superficie del planeta, junto con otros cientos de casas en las mismas condiciones; en la superficie una poderosa tormenta helada arremetía, inmisericorde, contra las paredes de la montaña que se negaba a caer.

Dentro, un corazón igual de fuerte mantenía su esperanza; solo eso le quedaba.

Su madre hacia lo posible para que la familia se mantuviera en pie, la casa, apenas un cuartucho, proporcionaba un poco de calor y refugio en una época donde la vida como la conocían había desaparecido, la hija menor trataba de ayudar a su madre en los quehaceres del hogar, pero la falta de alimentos y las condiciones en las que vivían mermaban las fuerzas de cualquiera.

Pero él no perdió la esperanza, confiaba en él ¿Qué hermano menor no confiaba en su hermano? Además había sido escogido para una empresa mayor a la que cualquier otro podría haber sido seleccionado; no podía sentirse menos que orgulloso.

Su hermano salvaría a todo el mundo. No sabía cómo, pero lo haría.

Nadie creyó que el Fin del Mundo sucedería en realidad, muchos pensaban en el cambio climático, el calentamiento global y el colapso de la Humanidad como un cuento infantil, algo que jamás podría suceder. Sucedió.

Ahora Tommy miraba por la ventana en espera del regreso de su hermano, y con eso la salvación de toda la Humanidad.

El enorme patio era oscuro a esa hora, lo único que podía ver eran las luces que escapaban por las ventanas de las demás casas, todas igual de tristes y precarias. Pero entonces a lo lejos un punto de luz comenzó a hacerse más y más grande; Tommy supo que era antes de verlo por completo.

No, no estaba equivocado, un auto de llantas gruesas y carrocería color verde, igual al que se llevó a su hermano se detuvo frente a la puerta, de un costado descendieron varios hombres vestidos con uniforme militar, dos de ellos ayudaron a bajar a un tercero y cargándolo, casi arrastrándolo lo llevaron hasta la puerta.

-!Mamá, mamá, está aquí, regresó!- gritaba mientras corría a la puerta; su madre mostró tranquilidad al saber que su hijo mayor regresaba a casa, a su hijo menor lo miró con ternura pero también con cierta tristeza, ella no compartía la esperanza de su pequeño hijo.

El niño abrió la puerta antes de que los soldados tocaran, al abrirla vio el rostro de su hermano, aunque no se parecía nada a como lo recordaba.

Sin esperar invitación los soldados entraron en la casa y dejaron a Mathew en un desbalijado sillón; otro hombre hablaba con la madre de Tommy, estaba serio y aunque su tono de voz era fuerte trataba de hablar en voz baja.

Su madre hizo una reverencia al general y este, levantado la mano sobre su frente como saludan los militares se adentró en la oscuridad, seguido por el resto de los soldados.

En el sillón Mathew descansaba, se veía más viejo que cuando salió cinco días antes, pero a Tommy no le importaba; su hermano había regresado, solo eso importaba.

La madre de ambos se sentó a su lado tomándole las manos. Mathew apenas sintió el tacto de su madre, esbozó una ligera sonrisa y ahí mismo en el sillón cayó dormido.

Tommy tuvo que esperar a que su hermano recuperara fuerzas; dos días enteros, Mathew solo hablaba con su madre, a su hermano menor lo evitaba por completo.

Al final del tercer día Mathew reunió a la familia en el comedor de la casa, ahí estaban todos esperando saber qué era lo que había pasado, qué había hecho Mathew ¿Había salvado a la Humanidad como se lo dijo a su pequeño hermano? ¿Por qué seguían bajo tierra? ¿Cuándo saldrían? Qué había pasado...

-Bueno familia... - dijo con seriedad -Antes que nada quiero decir que me alegro mucho de estar aquí, fueron muchos años de pruebas y estudios, de cometer errores, pero todo fue para salvar a la Humanidad; quiero decir que en ese sentido fue un éxito, pero no sin consecuencias, no sin sacrificios-
-¿De qué hablas?- preguntó Tommy y su hermano lo miró fijamente, entonces empezó el relato, uno que se contaría durante los años venideros.

Cien años después de la caída del Hombre un fantasioso proyecto empezó a gestarse en las mentes más inteligentes y poderosas del Mundo, un proyecto tan ambicioso que la mayoría cooperó para que viera la luz.

Durante meses analizaron decenas de teorías, experimentaron con diversas opciones hasta que dieron con la solución, después trabajaron otros años más en la construcción del aparato para lograr el objetivo.

Viajar por el tiempo.

Doce años después el proyecto vio su fin; habían creado un extraño vehículo que podía viajar al pasado, a una fecha específica y regresar al mismo lugar de partida, lo que demostró que no solo viajaba al pasado sino también al futuro, cuestión importante para el éxito de la misión, solo faltaba encontrar quien viajaría en ella, quién sería el viajero del tiempo.

Después de cientos de entrevistas, después de decenas de pruebas al final solo quedo un hombre, Mathew.

El vehículo era una esfera de metal colocada en un túnel circular, la cual fue impulsada por medio de aire a presión; con esto la esfera fue tomando velocidad en una espiral sin fin obligándola a vibrar por la fuerza centrífuga, electromagnetismo, electroestática, electricidad, todo eso provocó que se abriera un agujero de gusano en el espacio-tiempo, lanzando a la esfera y su viajero a una fecha programada previamente. Mathew no sabía cómo era posible llegar a una fecha específica, pero la esfera podía hacerlo.

Al haber realizado todas las pruebas posibles no había nada más que hacer que ser lanzado al pasado.

Mathew le narró a su familia su llegada al pasado, 1880, cuando se gestaban grandes cambios en la nación, ahí se entrevistó con sus gobernantes, les habló de reciclaje, fomentó el uso de energías renovables, así como una cultura de respeto a la Naturaleza, sus habitantes naturales, sus espacios; mantener el equilibrio. La vida y el futuro de la Humanidad dependía de ello.

Fueron tres años de intensa labor, de convencimiento de masas; se topó con resistencia, no lograron hacer mucho. A mediados del cuarto año Mathew logró un verdadero cambio, consiguió que el Hombre abriera los ojos y entendiera que su vida se iba con el de su mundo.

Regresar no resultó tan fácil, por fortuna hizo amistad con un hombre que empezaba con sus primeras investigaciones en los campos de la física y el electromagnetismo, y resultó ser un apasionado de la vida de Mathew, quien ya era conocido en todo el mundo.

El nombre de aquel hombre era Emmett McFly, su nivel de inteligencia era la de un doctor en física y estaba muy interesado en saber cómo había llegado Mathew hasta ahí; aunque a la mayoría de la gente le ocultó su origen o mejor dicho, su procedencia, no pudo hacerlo con el buen científico; le contó todo.

Mathew llevaba con él una serie de instrucciones y opciones para lograr el regreso a su tiempo, y fue gracias a la ayuda de McFly que pudo hacerlo.

Poco más de un año duraron las pruebas, pero con cada día que pasaba la posibilidad de regresar se concentraba, cinco años después de su llegada Mathew estaba listo para regresar a casa, con su familia, con su hermano menor que jamás había perdido la esperanza en él.

Adaptaron varios tramos de una vieja vía de tren a un túnel de acero, del mismo tamaño que la esfera, está fue impulsada al túnel gracias a la fuerza de un poderoso cañonazo, la fuerza centrífuga, las vibraciones y las energías resultantes lograron que regresara al flujo del tiempo y, con esto, a casa.

-Y así fue como la Humanidad aprendió a vivir y convivir con su mundo, a ser más consciente de lo importante que es usar energías renovables, a reciclar, todo con tal de preservar sus recursos y tener un futuro más cálido y brillante-

Todos guardaron silencio, nadie se atrevía a poner en duda las palabras del hombre que había viajado al pasado para asegurar un mejor futuro.

-Pero... - dijo Tommy rompiendo aquel silencio -Si cambiaste el pasado ¿Por qué seguimos aquí? Todo tendría que haber cambiado, no tendríamos que seguir bajo tierra, el clima debió cambiar, el mundo tendría que ser otro ¡¿Por qué todo sigue igual?!-

Un momento más de silencio. Mathew se levantó de la silla y dando vuelta a la mesa se arrodilló junto a su pequeño hermano. Lo miró con ternura pero también con tristeza, justo como lo había hecho su madre.

-Tommy... dije que hubo que hacer sacrificios- dijo con el tono más paternal que pudo encontrar -Quienes planearon todo esto tenían la misma esperanza que tú, que al cambiar nuestro pasado mejoraría nuestro futuro, pero también consideraron que podría producirse una paradoja-
-¿Paradoja?-
-Entiende esto Tommy y entiéndelo bien, al cambiar nuestro pasado cree otro futuro, uno donde no habrá inundaciones, tornados o tsunamis, nada de olas de calor ni cambios drásticos en el clima, no habrá animales en peligro de extinción, un futuro donde todos vivirán en armonía con la Tierra hasta que la misma Naturaleza dicte que debe terminar.

Si Tommy, salve el futuro de la Humanidad, y el sacrificio fue que nosotros tendremos que seguir pagando por los pecados de nuestro pasado-

Tommy guardó silencio, miró a su hermano con la misma tristeza que todos tenían en el rostro, abrió los brazos y lo estrechó fuertemente, no había nada más que decir.


Su hermano había salvado a la Humanidad, solo eso importaba.

16/4/14

Inspiración

A lo lejos se vislumbra un amplio horizonte, un desierto de arenas doradas que parecen no tener fin, el suelo arde durante el día y las noches son heladas, tormentas azotan sin tregua y, a veces, la quietud es tal que enloquece… este es el lugar de donde vienen las cosas malas...

Entes sin forma rasgan el velo del tiempo y el espacio, penetran a un sitio en donde se supone no deben existir, criaturas hambrientas que solo buscan satisfacer sus placeres, no importando matar, rasgar, corromper, una amante de Noviembre, una Flor Negra en la pared, son los entes sin forma ni rostro que entran en nuestras vidas (en mi vida) para atormentarnos, para violarnos y hacer con nosotros lo que ellos quieran…

Pero en la quietud se puede encontrar el equilibrio, la sensatez, la paz con todos y con uno mismo, la arena dorada vuela gracias a suaves frisas y recorren nuestro rostro, nos susurran palabras de paz en nuestros oídos, palabras de amor, de tranquilidad… este es el lugar de donde vienen las cosas buenas…

A veces un viejo amigo, un familiar muy querido, algún recuerdo del pasado se cuela de este onírico escenario y nos visita, nos habla, nos conforta, nos hace sonreír y nos hace llorar, nos hace abrazar a un espectro que ya no está, pero lo hacemos sin mediar nada, lo hacemos sin importar nada… esta aquí, ahí, allá… solo eso importa…

Este es el lugar de donde vienen las cosas buenas, el lugar de donde vienen las cosas malas… esos entes y esas visitas me penetran y yo a ellas, y de ellas extraigo un poco de su esencia, esta es su Tierra y la mía, este es el reino donde ellos son Reyes y Reinas, lacayos y súbditos, nobles y parias, esta es La Tierra de los Sueños Dulces, La Tierra de las Pesadillas Terroríficas, de aquí jalo inspiración, de mis sueños, de mis sentimientos, de mis temores… es mi vida.


9/3/14

FANTASÍA

-¿Me cumplirías una fantasía?- le preguntó, primero no supo que responder.

-¿Cómo qué estás pensando?- le preguntó a su vez.

-Antes de que te diga tienes que prometerme que la cumplirás ¿Lo prometes?-

Ella dudó, no podía imaginar que pensaba, cuales eran sus deseos, su fantasía; los hombres suelen tener muchas y una no promete sin saber antes que es.

¿Querría tal vez que se vistiera con algo especial? ¿Algún fetiche suyo? ¿Quizá algo que otros considerarían sucio, inmoral, prohibido?

Él no podía decir que no había tratado de complacerlo en todo cuánto le había pedido, si tenía que prometer que cumpliría era porque su fantasía iba más allá de lo que le había pedido antes.

¿Qué quería? ¿Incluir a un tercero? ¿Tal vez a otra? ¿Sadomasoquismo? ¿Grabarse en video? ¿Juego de roles? No podía imaginarlo.

-¿Pero qué es?- insistió ella, le preocupaba que no quisiera decírselo abiertamente; el optó por el chantaje.

-¿Lo prometerías sabiendo únicamente que con eso me harías muy feliz?-

No podía negarlo, lo amaba, haría cualquier cosa por él.

-Si- respondió -Prometo que lo haré... -

Él sonrió, separó los labios y lo dijo; ella jamás se esperó algo como eso.

-Envejece conmigo... -

Se enterneció, jamás se imaginó que le pidiera eso, se inclinó sobre él y lo besó.


-Lo prometo-

12/1/14

La Biblioteca de Alastor presenta...

Vaya... años sin escribir, bueno, por algo se empieza... de nuevo.

La verdad estoy tratando de retomar el habito de actualizar blogs, ya veré como se dan las cosas de aquí en adelante, por lo pronto esta entrada es solo para informar que mi buen amigo Joel Correa redactó un interesante articulo con respecto a mi novela Misericordia el cual pueden leer en:
http://bibliotecadealastor.blogspot.mx/
https://www.facebook.com/bibliotecadealastor
https://www.facebook.com/pages/Misericordia/

Ojala puedan darse una vuelta y leer el articulo y apoyarme en este trabajo, en verdad lo apreciare mucho.

13/2/11

En el Día del XXXX y la Amistad...

"Una historia de amor"

Ciento veinte pesos la renta por unas cuantas horas, para un par de enamorados despertando la pasión era poco el pago por todo lo que dieron, por lo que recibieron, por la manera en que se entregaron, ciento veinte pesos costó un momento que quedaría marcado en sus vidas, la cama hecha un desorden, las cortinas cerradas y la televisión con el volumen un poco mas alto que de costumbre para que quien pasara por el pasillo no se enterara de lo que dentro ocurría, aunque fuera un secreto a voces, todos saben lo que pasa cada que una pareja entra en un cuarto de hotel de paso, en la Balbuena, en Balderas, en Tlalpan, ahí se entregan los cuerpos, los sentidos… ahí se entrega la pasión y el amor, el sexo y el corazón…

-¿No se queda nada?- pregunto Ulises mientras revolvía las sabanas, buscando que efectivamente no se quedara nada, Elena, peinándose frente a la burda y tosca luna a manera de tocador volvió el rostro aun cubierto con el pelo mojado, solo llevaba puesta la ropa interior, se volvió y miró la cama y después a Ulises…

-Solo mi esencia- respondió sonriendo y continuo con la tarea de peinarse, Ulises le sonrió de igual manera mientras se abotonaba la camisa, termino de vestirse y a los pocos minutos la pareja dejaba las llaves en la recepción y salía del hotel con una mezcla de sentimientos, alegría, complicidad, satisfacción… amor, se amaban, pocas eran las parejas que podían decir que se amaban, ellos lo hacían, tanto en el diario vivir como en la intimidad, se amaban… se juraban amor eterno y se decían mutuamente que su amor nunca moriría…

Nunca moriría…

Elena regresó de misa tratando de mantener la calma, pero eso era difícil, apenas entro en casa sabía que su madre estaba ahí, en la sala, no quería que la viera, así que fue directamente a su habitación corriendo, pero este hecho no paso desapercibido para su madre, levanto la mirada del tejido y la vio subiendo las escaleras y, como si pudiera, la siguió con la mirada hasta que supo que entro en su cuarto, escucho la puerta cuando la azotó y cerrando los ojos meneo la cabeza, no podía decir que entendía por lo que pasaba su hija, pero la entendía, eso hacen las madres, empatía le llaman algunos, otros, amor de madre, suspiró y persignándose siguió con el tejido…

En su cuarto Elena arrojó la pequeña cartera que llevaba y se acostó boca abajo en la cama sin tender, puso la cabeza contra la almohada y gritó, gritó lo más fuerte que pudo, pero ahogando el grito con la almohada, sus lagrimas salían como un río infinito, mientras que el dolor en su pecho se hacía cada vez más grande ensanchando el vacío que sentía en el…

Se tranquilizo un poco (o se desahogó) y girando la cabeza fijó la mirada en el buró, junto a la pequeña lámpara, enmarcada, estaba una foto de ella con Ulises, estaba a la derecha de ella y la abrazaba por la cintura, mientras que ambos entrelazaban una de sus manos al frente, ambos sonrientes, ambos felices, en esa foto no se veía nada de oscuridad, nada de dolor, Ulises sonreía francamente, Elena hacía lo mismo, estaban felices, eran felices, ahora ella solo lloraba…

Dos meses después de esa foto, Ulises estaba en un 7Eleven cuando aparecieron dos tipos que amagaron al dependiente y a él por igual, los amenazaron y sacaron el dinero de la caja registradora, quizá todo hubiera acabado bien si solo se hubieran ido, quizá todo hubiera sido de otra manera si solo hubiera cooperado, pero cuando intentaron quitarle el celular y el MP3 a Ulises este se resistió, un disparo en el estomago a quemarropa fue suficiente para que muriera instantáneamente, jamás los aprendieron…

Cuando le dieron la noticia a Elena no podía creerlo, no era posible, se casarían al año siguiente, en verano, su mundo se derrumbo, ahora, dos meses después Elena no podía superarlo, o quizá no quería, y eso era porque lo necesitaba, necesitaba sentirlo cerca, tenerlo cerca, no podía hacerse a la idea de que lo había perdido y para siempre, mirando la foto en el buró se pregunto por enésima vez ¿Por qué? Y por enésima vez no obtuvo respuesta…

Elena daba vueltas en su cama, tratando de recuperar el sueño, ese que había perdido hace más de dos meses, apenas dormía unas tres o cuatro horas cada noche, encendió la lámpara del buró y se quedo mirando fijamente la fotografía, ese era su consuelo y su tormento, su madre, conocedora de la situación por la que estaba pasando le había dicho que quitara esa foto de su buró, que le hacia mas mal que bien, obviamente Elena se rehúso, era el único lazo que aun la unía con el amor de su vida…

Solo viéndola podía conciliar el sueño, le atormentaba el verla y la llenaba de paz, solo viéndola podía dormir, soñar que aun estaba ella, solo viéndola podía creer y sentir y pensar que él no había partido para siempre, solo en sueños podía estar con él como esa primera y única vez, la vez que se amaron…

La vez que su madre entro a su habitación y vio que la foto ya no estaba pensó que finalmente Elena lo había superado, en parte se alegro, porque pensó que su hija encontraría la paz que tanto necesitaba, desgraciadamente no fue como ella lo pensó, ahora la llevaba doblada en su cartera, cada que podía, en los descansos en el trabajo o en la hora de la comida la sacaba y la miraba, a veces, solo una fugaz mirada, en otras pues…

Aun cuando la tienda de ropa donde trabajaba estaba cerca, aun cuando era rápido llegar a casa, Elena hacia más tiempo del habitual, sus pasos eran lentos, la mayor parte del tiempo no quería estar en casa, le recordaba las tantas veces que él había ido y había estado con ella en la sala, viendo la televisión, las veces que su madre lo invito a comer, las reuniones familiares, y como fantasma recordaba los paseos con él al deambular por la calle, era en verdad triste, algunos pensarían que deprimente, es solo el duelo, solo eso y nada más…

Un sábado, habiendo salido temprano de la tienda empezó a caminar, lento, sin prisa, con la mente perdida en los recuerdos, sin un rumbo fijo, no sabe como fue que paso, más cuando sus pasos se detuvieron se encontró a las puertas de aquel hotel… si, el mismo donde habían estados los dos juntos, no sabe porque fue, no sabe que la impulsó, solo entró…

Elena le pidió un cuarto al tipo detrás de la ventanilla de la recepción, podría haberle extrañado el que estuviera sola, pero era común que en ocasiones solo uno pidiera el cuarto y poco después apareciera el otro, así que después de que Elena pagara por la habitación, poco más de ciento veinte pesos, tomo la llave y sin mirar, como si fuera su casa llego hasta el elevador y selecciono el piso sin siquiera ver el numero de cuarto que el tipo le había asignado…

Las puertas se abrieron haciendo sonar una campanilla y Elena salió del elevador despacio, avanzó por el pasillo y se detuvo frente a la puerta de un cuarto, levanto la mirada y vio el numero del cuarto, si, el mismo donde había estado con Ulises, fue hasta entonces que vio la llave en su mano, si, era la de ese cuarto, quizá alguna extraña fuerza había movido los hilos o... quizá solo era una gran coincidencia, metió la llave y la hizo girar… entró…

Una parte de ella no entendía que hacia ahí, como era posible que fuera el mismo cuarto donde anteriormente había estado con Ulises, más la otra parte de ella se complacía de que hubiera sucedido, arrojo la cartera en la cama y se acerco a la ventana, la abrió de par en par y dejo que el aire la acariciara como en su momento, en aquel momento lo hiciera Ulises…

Regreso a la cama y acomodándose saco la foto de la cartera, se acostó de lado mirando la foto, sonreía, algunas lágrimas se le escapaban de los ojos pero se sentía en paz, y en medio de esa tranquilidad y sus recuerdos se quedo profundamente dormida…

Soñó, soñó un hermoso sueño, soñó que Ulises estaba ahí con ella, que la desnudaba y la tocaba, la besaba, soñó que recorría su cuerpo y lo sentía vivo… todo era tan vivo… se sentía viva… tan viva…

Despertó algunas horas después, extrañada un poco por la experiencia pero feliz por haberla vivido tomó su cartera y arreglándose un poco el cabello y la ropa salió del cuarto, dejo las llaves en recepción y salió del hotel…

Las cosas no marcharon mejor pero no empeoraron, Elena seguía con su estado de ánimo bajo pero un poco más despierta, su madre se alegraba de que comiera mejor y que estuviera, a veces, más animada, se sentía más tranquila, pensaba que finalmente lo había superado… por primera vez en su vida su madre no sabía en verdad lo que pasaba con su hija…

Elena pensó que lo que había pasado ese día había sido una extraña pero confortable coincidencia, pensó que no podría repetirse, por lo mismo regreso al hotel la siguiente quincena, el mismo tipo de la vez anterior le dio la llave cuando ella le solicitó un cuarto, ahora vio el numero del cuarto antes de llegar al elevador… nuevamente era el mismo…

Ya dentro del cuarto empezó a dar vueltas alrededor de la cama buscando una explicación, como era posible que en dos ocasiones sucediera esto, estar en el mismo cuarto, el mismo cuarto donde estuvo con él, volvió a sacar la foto de su cartera y la colocó sobre el buró, encendió la TV navegando por los canales de cable solo para que hubiera algo de ruido en la habitación, una suave somnolencia empezó a invadirla y, aunque trato de no quedarse dormida, finalmente un tranquilo sueño la envolvió…

Y si, tuvo el mismo sueño, bueno, no el mismo, sino que soñó lo mismo, soñó ese cuarto y a Ulises con ella, soñó nuevamente que se amaban, una vez más…

Y una vez más despertó sola y satisfecha…

Aun cuando le extrañaba lo que había pasado, ya en dos ocasiones, no podía quejarse, disfrutaba mucho el escaparse de la realidad unas horas y entregarse al sueño y los buenos recuerdos, aunque también pensaba que estaba, de alguna manera, volviéndose loca, solo había una manera de averiguarlo, regresar una vez más…

El mismo hotel, el mismo tipo le dio la llave del cuarto, el mismo cuarto… nuevamente era el mismo…

Se sentó en la cama y apoyando los codos sobre las rodillas sostuvo la cabeza con las manos, era inverosímil que por tercera vez sucediera, pero esta vez no, esta vez se dijo que no dormiría, ahí pasaba algo raro, tenía que saber que era, o tal vez solo era que, como lo había pensado, estaba volviéndose loca…

Entonces sintió un extraño impulso, el de sacar la foto de la cartera, abrió el broche y al desdoblarla se llevo una fuerte impresión, esa foto donde estaba con Ulises, donde el abrazaba por la cintura y ambos entrelazaban sus manos, de esa foto… Ulises había desaparecido…

Del impulso pasó al asombro, y del asombró al miedo, era mas que obvio que estaba completamente loca, pensó que ni siquiera estaba en ese cuarto de hotel, quizá estaba en una habitación en alguna institución mental, empezó a temblar y a llorar abrazándose así misma, pero en ese instante una sensación de paz y tranquilidad empezó a llenarla, de la calle dejo de escucharse cualquier sonido, no había nada, solo paz, mucha paz, levantó el rostro enjugado en lagrimas… y lo vio, Ulises, si, era él, su figura se recortaba sobre la ventana abierta, detrás de las cortinas, debajo de esta vio sus pies descalzos y cuando se movió, la cortina se abrió descubriéndolo todo…

Estaba desnudo, como esa vez, como la primera vez, y como todas las veces que lo había soñado en ese cuarto de hotel, en su rostro había mucha paz, mucha tranquilidad, se lo transmitió cuando le sonrió, extendió la mano y ella la tomó con delicadeza, con miedo, y con ayuda de él se levantó de la cama…

-Esto… esto no es posible-
-No, no lo es, pero así es-
-Estas aquí-
-Como otras veces-
-¿Qué estaba pasando?-
-Te amo, no podía dejarte ir, no sin que antes lo supieras-
Y lo abrazó, lo abrazó lo mas fuerte que pudo, Ulises le devolvió el abrazo pero mas dulce, mas suave y tierno, un abrazo lleno de amor…
-Dios te extraño tanto… - y volvió a llorar
-Lo sé, pero debes dejarme ir, debes vivir tu vida, no me olvides, solo eso te pido, no me olvides y yo viviré siempre contigo, no me olvides y siempre estaré contigo, siempre velare por ti, no me olvides, no dejes de amarme, porque yo jamás dejaré de amarte-
Se besaron, se besaron quizá, como nunca lo hicieron, con un amor y una pasión y una entrega que solo dos almas enamoradas pueden besarse, se amaron una vez más, por última vez…

Elena jamás volvió a ese cuarto de hotel, jamás volvió a llorar por Ulises y mucho tiempo pasó para que lo volviera a soñar, ella estaba libre, jamás se separaría de él, jamás dejaría de amarlo y, sabía que cuando el día llegará, estarían juntos y, esta vez, para siempre…


3/1/11

EL LIBRO DEL SEÑOR

Shanna siempre dijo ser una bruja, su vestimenta era una mezcla entre darkie, hippie, gitana y pordiosera, usaba un velo negro sobre la cabeza, lo que hacia resaltar la palidez de su rostro y los ojos hundidos en unas ojeras negras, usaba una vieja mochila con extraños jeroglíficos y signos arcanos, por los pasillos de la Universidad Shanna hacia extraños signos con los dedos a los demás estudiantes según, para alejar las malas vibras, era cierto que había comprado algunos libros de hechicería en algún tianguis, y se había informado acerca de conjuros, pócimas y hechizos en Internet.

Algunos aseguraban haberla visto transformarse en gato negro, en lechuza, y Mateo, de la clase de Ciencias, juraba que lo había seducido con un extraño brebaje para que tuviera sexo con él, lo cierto es que todos conocían a Shanna, y más de cinco se burlaban de ella a sus espaldas.

Shanna lo sabía, pero no le importaba, solo le importaba convertirse en una poderosa bruja y callarle la boca a todos, la única amiga que se le conocía era Monserrat, aunque ella prefería que le llamaran Mortífera, metalera de corazón, siempre vestía con pantalones de mezclilla negros, playera de igual color con el nombre de alguna banda como “Slayer” “Metallica” o “Exodus” pulseras de cuero y botas de minero, de rostro era muy parecida a Shanna, aunque su complexión era más robusta que la de la flacucha pseudo bruja, mucho se rumoraba de esta amistad, algunos decían que se encerraban en la habitación de Shanna ha realizar conjuros y brebajes, que consumían drogas y mas de uno afirmaba que eran amantes, quizá algo de esto fuera verdad, quizá algo de esto fuera mentira, lo cierto es que Shanna estaba en boca de todos, de una u otra manera.

-Es momento de hacerlo- dijo Shanna de momento sorprendiendo a Mortífera, ella levantó la mirada del monitor de la PC de Shanna.
-¿De que hablas?-
-De llamar a mi Señor-
-¿No estarás hablando en serio?-
-Si, ya es hora, Él me dará el poder para vengarme de todos los que se han burlado de mí-
-Bueno, no se burlarían de ti si no llevarás esto de la brujería al extremo- respondió Mortífera con una sonrisa a medias, si, era cierto que eran amigas, pero Mortífera no creía del todo lo que se decía de Shanna.
-¿Al extremo? ¡Tu también piensas que soy un fraude!- exclamó arrojando su libro de hechizos de $20.00 que hojeaba al otro extremo de la habitación, tras la puerta y desde la cocina se escucho el grito de su madre, preguntando que pasaba, Shanna le grito de igual manera que no pasaba nada, aunque estaba bastante molesta con Mortífera.
-Mira Shanna, no creo que seas un fraude, pero tampoco creo que seas la bruja que dices ser-
-Eres igual que los demás, incrédula, lárgate de mi casa Monserrat ¡Lárgate!-
-Esta bien esta bien- respondió Mortífera levantando las manos como si estuviera siendo amagada por un arma, tomando su mochila y la chamarra del respaldo de la silla se acercó a la puerta.
-Ten cuidado querida- agregó al llegar a la puerta -Si llevas esto demasiado lejos puede acabar mal- y tuvo que evitar el libro que Shanna le arrojará, la puerta se cerró detrás de Monserrat y Shanna quedo sola.
-Idiota ¿Quién se cree que es? Juzgarme y advertirme, idiota… -

Shanna, viendo la PC encendida emprendió la búsqueda, pero por más que buscó no encontró nada concreto, solo supuestos conjuros y testimonios de dudosa reputación así como ciertas declaraciones de los tiempos de la Inquisición, nada que le sirviera en realidad.

Pasaron los días y Mortífera se disculpó con Shanna por lo ocurrido, siguió visitando su casa y Shanna le contó lo que había estado haciendo, le narró con lujo de detalles como pensaba que sería el encuentro con su Señor, Mortífera la escuchaba con atención, y de vez en cuando le hacia alguna pregunta y se emocionaba con lo que le contaba.

-¿Y en verdad es posible que tu Señor se presente? Es decir ¿Se presenta con todo aquel que lo invoca?-
-Si, así es, solo necesito un libro de magia verdadero con el conjuro exacto para hacerlo-
-Pero por lo que he leído en la Red, en la mayoría de los casos documentados por la Inquisición, las acusadas de brujería afirmaban que tenían que copular con Él para sellar el pacto ¿Estas dispuesta a tener sexo con… con algo como eso?-
-El precio es poco comparado con el beneficio, si, lo haría-
Mortífera ya no toco el tema, quizá la sola idea era demasiado para ella.

Pasaron los días sin nada en especial, hasta que una noche que Shanna navegaba en Internet recibió un mail, este era de una integrante de uno de los foros que ella frecuentaba, en el mail le decía que tenía en sus manos lo que ella estaba buscando, respondió el mail preguntando que clase de libro era y cuanto pedía por el, la siguiente noche recibió respuesta del correo en donde le decía que no sabía nada del libro, que había sido encontrado en una iglesia en Guanajuato hace ya muchos años, y que había sido de su familia por generaciones, que el libro no tenía precio por ser tan poderoso… le dijo que se lo obsequiaba.

Intercambiaron algunos otros mail y finalmente Shanna le proporciono su dirección, a los pocos días recibió un paquete, en la soledad de su cuarto lo abrió encontrando un libro que, para ella, era hermoso.

Grueso, más de 300 paginas, de un papel grueso, viejo y de color amarillento anaranjado, con un sutil olor a té, carcomido de las orillas y se notaba fácilmente que algunas hojas se habían perdido, su pasta era de cuero con ciertos símbolos grabados, algunos signos eran fácilmente reconocibles, los otros eran por completo desconocidos para ella, los textos eran una mezcla de varios idiomas, ingles, alemán, español y latín, tenía algunas laminas de aquelarres y personificaciones obscenas del Diablo y sus consortes, muchas de ellas de estilos diferentes, como de diferentes ilustradores, pero había una constante en todos ellos, la imagen de un hombre delgado, desnudo, excitado, pero sobre sus hombros tenía por cabeza la de un macho cabrio, en varias laminas se mostraba como asistía a los aquelarres, saliendo de una inmensa hoguera, copulando con las aspirantes a brujas.

A los tres días Mortífera llegó a casa de Shanna, cuando entró al cuarto Shanna escondió rápidamente el libro pero Monserrat noto inmediatamente el movimiento.

-¿Qué tienes ahí?-
-Nada- respondió molesta, cubriendo con el cuerpo el libro bajo la colcha.
-Oh vamos, déjame ver-
-Bueno, pero solo un momento- y sacó el libro, se lo dio a Monserrat quien lo tomó en sus manos con reverencia, con lentitud paso sus paginas mirando las laminas.
-¡Órale! Está padre, te ha de haber costado una fortuna-
-Pues de hecho no, es tan poderoso que no tiene precio, tiene que ser obsequiado-
-¡No manches! Aunque no le entiendo del todo, incluso los textos en ingles, no tiene sentido-
-Si, lo note, he traducido algo, es como si fuera ingles antiguo, quizá está escrito en clave, es como si fuera un compendio de hechizos-
-Pues si que te rayaste-
-Lo mejor es que pude traducir el texto que necesitaba-
-¿En serio?-
-Si, invocare a mi Señor-
-¿Ahora?-
-¡Claro que no! Necesito juntar todos los elementos, no será fácil-
-¿Pues que necesitas?- preguntó verdaderamente interesada.
-Primero un lugar apartado donde hacer la hoguera, después preparar las pócimas para alimentar la hoguera-
-¿Por qué no lo haces en aquella fundidora que cerraron? Ahí nadie te molestará-
-Si, es buena idea, lo haré entonces el sábado, ya que mis padres visitarán a mi tío, tendré todo el fin de semana para preparar todo-
-No puedo creer que en verdad vayas a hacerlo-
-Lo haré, y puedes acompañarme si gustas-
-¡No gracias! Esas cosas no son para mi, solo no me olvides cuando suceda-

Shanna dedicó la semana a juntar los ingredientes para las pócimas, algunos ingredientes era extraños y desconocidos, pero habiendo traducido las descripciones fue fácil sustituirlos, el sábado llegó y sus padres fueron a visitar a su pariente, en la cocina preparó las pócimas moliendo hojas y minerales, llenó varios garrafones con ellas y algunas horas después cargó todo en su auto, condujo hasta aquella fundidora y no habiendo nadie entro en el patio, llegó hasta un enorme bodegón y del auto sacó lo que había llevado, los garrafones, un poco de comida y combustible que había comprado en una tienda departamental, en su mochila había metido una linterna, el libro arcano y su ropa ritual.

Junto madera que encontró en el bodegón pero no encendió la hoguera, esperaría a que la noche cayera para hacerlo.

Cuando el sol se ocultó, cuando las estrellas empezaron a invadir el cielo nocturno y la luna estaba en lo alto empezó.

Coloco el combustible y encendió un fuego, lo acercó a la pila de madera y empezó a arder, tomó los garrafones y rezando sus oraciones vertió las pócimas en la pila, una lengua de fuego por poco la quema cuando salió furiosa de la pila, el color de la hoguera se volvió roja, con la segunda pócima se hizo amarilla, con ayuda de la linterna miraba el libro de vez en cuando y releía la oración, a la tercera pócima la hoguera se hizo lila, y con la última mostró un color azul, siguió con su ritual hasta que la última pócima fue vertida.

Dejó el libro a un lado y se preparo para el final, sacó de la mochila su ropa para el ritual el cual solo era una enorme capa con capucha, se desnudo por completo, aun cuando la noche era fría por la hoguera no sentía frío, se cubrió la cabeza y sosteniendo el libro inició las alabanzas y empezó a rezar los conjuros en latín cada vez más fuerte y excitada.

-¡Muéstrate! ¡Ven a mi presencia! ¡Yo te invoco! ¡Hazte presente mi Señor!- gritó elevando las manos al cielo, todo quedo en silencio, solo se escuchaba su respiración y la madera crispando en la hoguera.

Y nada sucedió.

Lentamente bajo los brazos esperando una señal, en su mente recorría todos los pasos que había hecho pensando que había omitido algo, empezó a sentirse como una tonta, cayó de rodillas y empezó a sollozar, entonces, a lo lejos se escuchó como si una enorme loza hubiera caído, agudizo el oído buscando el origen del ruido, pero lo que alcanzó a escuchar fue lo más parecido a pisadas que se acercaban, se lleno de miedo, se volvió y busco la linterna, los pasos se detuvieron cuando ella se movió, encontró la linterna y la encendió, recorrió el lugar y sus ojos se abrieron cuando el haz de luz iluminó un monstruoso ser, un hombre desnudo con cabeza de macho cabrio, la imagen duro un segundo, porque se movió rápidamente desapareciendo de su vista, Shanna se cubrió con la capa, sentada abrazaba sus rodillas y miraba a todos lados, los pasos volvieron a escucharse, intento alumbrase con la linterna pero esta ya no encendió, finalmente aquel al que había visto apareció al lado de la hoguera, era alto, delgado, estaba desnudo y sumamente excitado, gruñía y rodeando la hoguera llegó cerca de Shanna, esta, al mirarlo, empezó a dejar de tener miedo, se levantó dejando que la capa mostrara su cuerpo desnudo, se acercó hasta “eso” e intento tocar su rostro, pero un fuerte manotazo la hizo caer al suelo, Shanna cayó de bruces y fue sujetada por la nuca, su Señor hizo a un lado la capa y así la poseyó, una y otra vez, no había nada que Shanna pudiera hacer, aunque no había nada que Shanna quisiera hacer que no fuera complacer a su Señor.

La hoguera aun ardía cuando Shanna despertó, no había rastro de aquel al que vio durante su aquelarre, no sentía nada diferente en ella, se vistió, metió el libro y la linterna en su mochila, echo los garrafones en la cajuela del auto y salió de ahí.

El lunes por la mañana todo seguía igual, Shanna se mostraba igual que siempre aunque un poco más distante de lo normal, quizá esperaba algún síntoma o alguna señal de que el aquelarre hubiera dado resultado, por la tarde, cuando tenía unas horas libres, se metió a la biblioteca y tomando una de las computadoras para uso de los estudiantes empezó a navegar por sus paginas habituales, entonces le llegó un mensaje al celular, no conocía el numero, el mensaje solo decía [Abre sesión]

Extrañada inició sesión en el MSN y al momento se le apareció la ventana de aceptar a un nuevo contacto “Madame Night” decía el nick, le dio aceptar y apenas entró al MSN se le abrió la ventana de conversación del nuevo contacto, saludándola amablemente.

Madame Night [hola]
Shanna de la Barthe [hola, quien eres?]
Madame Night [soy la Señora de la Noche]
Shanna de la Barthe [ya, en serio, de donde me conoces?]
Madame Night [como lo pasaste anoche?]
Shanna de la Barthe [anoche?]
Madame Night [si, viste a tu “señor” no?]
Shanna de la Barthe [no se de que hablas]
Madame Night [si lo sabes, te tomó varias veces, verdad?]
Shanna de la Barthe [de que estas hablado?]
Madame Night [tu sabes de que estoy hablando, espero que lo hayas disfrutado]
Shanna de la Barthe [solo hay alguien que sabía de lo que estas hablando]

Y Madame Night cerró sesión, algunos escritorios adelante Shanna vio a Monserrat levantarse, se volvió hacia ella y le sonrió, salió y Shanna rápidamente fue tras ella, la encontró en uno de los jardines en compañía de Mateo.
-¿De que se trató todo eso Monserrat?-
-Bueno, si no me quieres contar me quedaré con la versión de tu “señor”-
-Y tu señor dice… - agregó Mateo -Que estuviste… fabulosa-
-No es cierto- dijo Shanna al tiempo que sus músculos se tensaban.
-Si Shanna, lo es, jamás invocaste a tu “señor” ese día que me corriste de tu casa y me amenazaste pensé que era hora de darte una lección, para que dejaras de hacer y pensar tonterías-
Shanna apretó fuertemente los puños.
-Tenía que saber que estabas planeando- prosiguió -Eso fue fácil, tu misma me lo dijiste, el historial en tu computadora me dijo un poco más, ya solo fue cosa de crear la identidad en el foro y mandarte los mails-
-¿Entonces… el libro no es autentico?-
-¡Claro que no tonta! Ahí fue donde Mateo ayudó-
-Si- dice Mateo -Verás… envejecer el papel fue fácil, solo es necesario sumergir las hojas en una solución concentrada de algún té, eso fue lo que le dio ese color amarillo anaranjado y el aroma, los textos los hice con un burdo traductor on-line, por eso no tienen sentido ¿La cubierta? Un favor de los chicos del Taller de encuadernación, y las ilustraciones fueron creaciones de tu amiga-
-Pero… la hoguera… y… y Él… -
-Aaah eso fue gracias a los materiales con que hiciste tus “pociones” al quemar cloruro de hierro el fuego se hizo azul, con el cloruro de litio se volvió roja, el cloruro de sodio ayudo a hacerla amarilla y el cloruro de potasio la hizo lila, y en cuanto a la personificación de tu “señor” fue gracias al grupo de teatro que me prestaron la mascara, bastante incomoda por cierto-
-Tu… ¿Eras él?-
-Si, desde hace mucho tenía ganas de estar contigo otra vez, pero sabía que te negarías, esa vez que lo hicimos estábamos ebrios, nada se compara con lo de anoche-
-Así que… Shanna querida, nada sucedió en realidad- y el labio de Monserrat se abrió cuando el puño de Shanna se estrelló en su rostro, desde el suelo Mortífera le lanzó una miraba, un tanto divertida pero también con coraje, Shanna dio media vuelta y salió corriendo de la Universidad.

Durantes los días siguientes Shanna desapareció de la Universidad, Monserrat no estaba del todo tranquila, por lo que Mateo acostumbraba acompañarla a casa.

-Gracias Mateo-
-Por nada-
-Ahora ya no se sabe con Shanna, esta completamente loca-
-Aunque… ¿No crees que fuimos demasiado lejos?-
-¡Ash! ¿Ahora te arrepientes?- exclamó un tanto furiosa.
-No, no es eso… -
-Ay ya cállate, nos vemos mañana, adiós- y subiendo los escalones desapareció detrás de la puerta, Mateo se alejó al tiempo que Monserrat entraba en su cuarto, arrojando la mochila en la cama llefó hasta la comoda, frente al espejo se miraba el labio, no había sanado del todo y aún le dolía, hacia una mueca por lo mal que se veía, pero un grito salió de su boca al ver lo que había detrás de ella, grito que fue rápidamente silenciado… por un hombre desnudo con cabeza de macho cabrio.

Sentada en la banqueta Shanna abrazaba sus rodillas, en su pecho descansaba un libro, miraba de un lado a otro la calle con una sonrisa maliciosa en sus labios, cuando regreso a casa ese día que la verdad fue revelada encontró otro paquete, era un libro muy parecido al anterior, uno que había solicitado después del primero, aunque este venía con un certificado de autenticidad en su interior.

Don't play with a witch by ~wishmaster3329